En esta última noche de Hanukkah, cuando la octava luz se alza junto a las demás, recordamos que incluso en la oscuridad más prolongada siempre existe una chispa que no se apaga.
Agradezco a HaShem por el alimento que no faltó en nuestro hogar, por la salud que nos sostuvo aun en los días difíciles, y por la fuerza silenciosa que nos permitió seguir adelante cuando el cansancio del alma era grande..
Hanukkah no es solo memoria de un milagro antiguo, sino testimonio de los pequeños milagros cotidianos; resistir, permanecer, encender luz aun cuando todo parece imposible.
Que esta luz nos recuerde que no todo lo roto está perdido, y que incluso una llama pequeña puede vencer a la noche, que nuestro pueblo y nuestra cultura es grande, que somos fuertes y que es esta luz y esta fe, la que con ayuda de HaShem nos ha hecho pasar de toda adversidad, genocidio y cada intento de erradicar nuestra cultura y nuestra fe.
Que sepamos reconocer y agradecer, Todah Rabah, por lo visible y por lo invisible, por lo que fue y por lo que aún espera nacer.
אָמֵן
