No es pregunta de pleito, es de curiosidad genuina. Hay un tipo de reacción que se repite en todos lados: le pones un espejo enfrente a alguien y en lugar de mirarse, lo agarra y te lo avienta a la cara. Y no cualquier espejo — de repente escupe un diagnóstico tan detallado, tan preciso, que uno se queda pensando de dónde sacó tanto material.
Ahí está lo que me intriga. Nadie describe con esa exactitud algo que no conoce por dentro. El que grita "narcisista" a la primera suele traer el diccionario bien estudiado, y no lo estudió leyendo, lo estudió siendo. La proyección no es que te acuse: es que al acusarte te entrega, sin querer, su propio inventario.
Y luego el volumen. Las mayúsculas, el "no me das miedo" repetido, el anuncio insistente de una calma que nadie le pidió que demostrara. La pregunta se responde sola en cuanto uno se fija: la persona serena no certifica su serenidad a gritos. El que de verdad no tiene nada que esconder no necesita gritar que no esconde nada.
Entonces la duda de fondo, la que de verdad me interesa: ¿qué le pasa por dentro a alguien cuando el espejo le da más rabia que cualquier insulto? ¿Por qué duele más ser visto que ser ofendido? Y sobre todo — cuando alguien invierte los papeles tan rápido para volverse la víctima, ¿a quién trata de convencer: a los que miran, o a sí mismo?